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24 de marzo de 2017
24 de MARZO DE CADA AÑO EN ARGENTINA
: El "Nene" Maciel y la reivindicación de nuestros mártires desconocidos
24 de marzo de 2011 a las 15:48
Cada 24 de marzo las imágenes de la Villa Obrera de Lanús Este, en el sur de lo que ahora se llama conurbano bonaerense, aparecen como un flash frente a mí. El mugroso canal que cruzaba -en forma de riachuelo pestilente- al barrio era para nosotros como el parisino Río Sena; el frente de la curtiembre COPLINCO nos hacía sombra sobre las tardes mientras recorríamos sus laderas en busca de aventura, jugando escondidas y matando ratas gigantes mientras nuestras viejas chusmeaban en la casa, bajo la higuera o la parra según la época. Ese ácido aroma producido por los deshechos de la tintura de cueros que arrastraban por el fétido drenaje, a la basura acumulada en las laderas del canal donde íbamos a corretear con Osvaldito, completaban parte del paisaje de aquellos momentos felices de mi niñez.

En la cima de la ladera sur del riacho, estaba el conjunto de los chalecitos que Perón edificó para permitirle casa digna luego del ‘45 a los obreros, a los que incluyó desde el lanzamiento de su primer plan quinquenal. Del otro lado, en la ladera norte, los monoblock’s, faraónica obra con el mismo objetivo, más moderna aunque con un importante grado de hacinamiento. Una pileta de natación que funcionaba en verano para los chicos del lugar y dos plazas con juegos.

Osvaldo Maciel era marino mercante, cuando ELMA funcionaba a pleno, era el esposo de Francisca “Pancha” Obregón, amiga de mi mamá (la tía Pancha para nosotros), se criaron juntas en su ciudad natal de la provincia de Corrientes antes que la vida las separara, eran los padres del ‘Osval’. Y La vida misma quiso que se juntaran viviendo en la populosa municipalidad de Lanús. En diferentes barrios porque la suerte para ambas fue disímil pero, se reencontraron allá por los años ‘60 y desde entonces, cada fin de semana o fiesta familiar, nos visitábamos.

Yo vivía en un pequeño departamento de Villa de los Industriales, en Lanús Oeste, a media hora de viaje de allí, (tomábamos el colectivo 32M hasta la estación Lanús y el 279 para llegar a camino General Belgrano y Madariaga) pero tanto el ‘Nene’ como yo conocimos desde chico la sensibilidad de la gente de laburo. Los dos éramos hinchas de Racing y alguna vez fuimos a ver cómo el ‘mariscal Perfumo’ le aguaba la alegría a los rojos de Independiente.

Los dos sabíamos de la importancia del barrio lleno de fábricas, vivimos las inclemencias de algunas carencias pero el beneficio de otras, como la buena educación de la escuela pública, los juegos de carnaval con agua en la calle y los corsos como así la Fiesta de San Pedro y San Pablo en el “Parque Udabe” (Viamonte y Rivadavia). Las carencias se hacían sobrellevables, porque los hospitales públicos tenían a los mejores especialistas, los padres tenían trabajo y se respetaban los convenios laborales.

El tiempo fue pasando y crecimos. Las políticas públicas nos llenaron de mentiras y la suerte del “Nene Maciel” y la mía fueron disímiles, como las de nuestras madres cuando se separaron en la vieja Corrientes. Pero la visión de la realidad, la sensibilidad popular se arraigó más en ‘Osvaldito’ que en mí. Fue un problema de educación, círculos familiares y libertades. Él junto a los amigos de la Villa Obrera y los monoblock’s (‘el bocha’, Reinaldo, ‘el pelado’, el ‘huevo Oscar’, Hugo y Adolfo entre los que me acuerdo) pudieron entender con facilidad los tiempos que corrían y alguno de ellos transitaron por la misma senda y con la misma trágica suerte que mi primo.

Yo recibí una educación cerrada, ortodoxa, católica y más cercana a la prejuiciosa clase media alta de entonces, más alejada de los reclamos populares que “la libertadora del ‘55” ya había comenzado a lacerar en los trabajadores y en los cultores de PERON, desde que lo derrocaron, con aquella frase lapidaria: “de eso no se habla”, que repetían con temor en mi casa.

El ‘Nene’ –nacido el 17 de mayo de 1953, de Tauro igual que yo, pero tres años mayor- vivió la calle. En su casa hablaban de Evita, de Perón y –además- recibieron los beneficios de la política inclusiva del General y de la abanderada de los humildes.

Era más grande que yo, palpitó quizá con más conciencia los horrores de las dictaduras, entendiendo más del tema y aprendió a militar la política en las unidades básicas barriales, sobre todo en la primavera democrática de 1973 cuando el “Tío Cámpora” le hizo la primera al General para que se produjera su retorno definitivo al país y al gobierno. “Cámpora al gobierno, Perón al poder” fue el lema y así lo entendieron. Pero luego vino la debacle total. La dicotomía peronista, la desilusión de los jóvenes, ERP y Montoneros incluidos.

El “plan Cóndor” ya estaba instalado, las cúpulas militares manejaban como gobierno las decisiones en toda Latinoamérica y la práctica del terrorismo de Estado que instrumentó el asesinato y desaparición de decenas de miles de opositores a las mencionadas dictaduras, la mayoría de ellos pertenecientes a movimientos de la izquierda política y organizaciones populares se llevaron, por lo menos, 30mil almas en la República Argentina.

El ‘Nene’ sabía a lo que se arriesgaba. Se fue a vivir solo primero y luego formó pareja. Desapareció un día de su casa con Raquel (así se hacía llamar ella) y se fueron a vivir juntos, primero en un departamento de Lanús, luego supe que estaban en Monte Chingolo, después ¡no supimos más! Decían en casa que: “anda en algo raro y no quieren perjudicar a su familia”, y temían por su destino.

Supimos que su mujer estaba embarazada, luego que el niño había nacido, a comienzos de 1977 y que lo llamaron Nicolás (así llamé 10 años después a mi primer hijo). Un día mi mamá vino alterada: “lo vi al ‘Nene’ en Lanús, estaba repartiendo volantes, pero no sé si me vio o no me quiso ver” dijo agitada. Recuerdo la angustia de la frase y recuerdo también que el comentario me sobresaltó aunque, confieso, yo ni enterado de lo que podría pasar. Estábamos tan aislados algunos jóvenes de entonces, que el reproche y la carga que llevo hoy como mochila social, es esa y perdura: ¡Tan valiente que fui para muchas cosas, para muchos graves problemas que tuve que afrontar por entonces en mi casa y tan pusilánime para otras situaciones!

Una noche a fines de otoño de 1977 sonó el teléfono. Era el 15 de mayo, el mismo día que el Nene cumplía 24 años. Recuerdo estaba sentado en un sillón de dos plazas, junto a la puerta de ingreso a mi casa en Lomas de Zamora (todavía estaba soltero). Atendió mi padre y cuando colgó la cara lo decía todo: “Llamó don Pancho Sartori”, (un vecino del Barrio de la Villa Obrera, sus fondos estaban comunicados con la casa de mi tía Pancha, gendarme él y muy amigo), dijo mi viejo y continuó luego de una pausa. “Parece que le pasó algo al ‘Nene’, me voy a buscarlo con ellos”.

La realidad era que un pelotón de tareas del ejército los ubicó en su casilla de Monte Chingolo, él dormía con su pareja que recién había dado a luz a su niño. Contaba mi padre que los vecinos del lugar le relataron que les ordenaron a los gritos que salieran, que ‘Osvaldito’ puso un colchón tapando la puerta y parapetó a su esposa e hijo dentro de la casa y él salió corriendo por los fondos saltando muros. Lo alcanzaron a las dos cuadras y lo balearon por la espalda. A la mujer se la llevaron herida para nunca más verla y al bebé lo llevaron aparte.

Los contactos de ‘Don Pancho’, el gendarme amigo, hizo posible que supiéramos dónde estaba la criatura muchos días después: en un Hospital de La Plata, afectado de meningitis. Seguramente, el abandono y la desidia de quienes lo sustrajeron habrían hecho mella en la criatura, que pudo ser rescatado por la familia pero, lamentablemente, murió a los pocos días.

El velorio del angelito no sólo fue terrible por lo trágico, por el dolor, por las injusticias, sino sobre todo por las ausencias: “por los padres, ni pregunten” fue la orden militar toda vez que la familia hurgó por el destino de su hijo.

Tío Osvaldo fue siempre un hombre de mar, alegre y bonachón, aunque rudo y nunca supe una muesca de su parte. Pancha y Eva sufrieron y lo recordaban llevándole flores a una fosa común, un osario en el Cementerio de Avellaneda, hasta que su movilidad se lo permitió.

Hace pocos días volví de nuevo a casa de Eva, ya con su vida más que hecha, los tíos fallecidos, con hijos, nietos y le conté que estaba escribiendo esto. Me relató a cambio que hace un par de años la hermana del ‘Pelado’ uno de los compañeros del barrio -mencionados en esta nota y el único sobreviviente de los que chuparon de la barra y que corrieron igual suerte-, la invitó a participar de una ceremonia donde descubrieron un monolito que instalaron en medio de la plaza de los monoblock’s, sobre la calle Madariaga para recordarlos y revalorizar la lucha y suplicio de éstos héroes anónimos, allí donde jugábamos de chicos. Con las calles ahora asfaltadas, con las fábricas de alrededor quebradas y algunas recuperadas por sus trabajadores, pero con otra mirada de país.

El dolor no impide el recuerdo, es más: lo reclama para las generaciones que vengan no olviden a sus mártires populares y del barrio, esos que no tienen fama pero hicieron posible las libertades actuales.

Y les cuento esto, estimados lectores, porque “El Nene” fue víctima de la dictadura autoproclamada -desde el 24 de marzo de 1976 y hasta su derrocamiento popular en 1983-, como Proceso de Reorganización Nacional.

Nosotros éramos primos, porque nos queríamos como tales, con él, su hermana Eva y mi hermano Guille. Pasaron 35 años, pero su sonrisa nívea y gigante que contrastaba todo el tiempo con su tez morena y su cabello renegrido peinado a la gomina, sigue vigente. En el recuerdo y en la necesidad de revalorizar su figura.

No fue un caso conocido, no apareció en los medios ni lo reivindicó, ni a él ni a sus compinches del barrio, ninguna organización ni política ni gremial ni de derechos humanos: fue un militante de los derechos populares y la libertad. Un ‘pendejo’ que dio su vida, la de su pareja y hasta la de su propio hijo, por un modelo de país donde las oportunidades crezcan y se presenten desde el barrio, para que hoy disfrutemos gozar de esta Argentina de inclusión, progresista y de posibilidades para todos. Aunque las sombras de sus asesinos sigan agitándose en la mente de unos cuantos poderosos, que todavía berrean como corderos mientras sus almas aúllan como lobos sanguinarios, sedientos de venganza ¡El recuerdo del NENE nos advierte: Ojo con ellos!

24 de Marzo 2011: ¡OSVALDITO ‘NENE’ MACIEL y su barra mártires del Barrio Obrero de Lanús Este: ¡PRESENTES! Ahora y siempre.



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